sábado, 29 de noviembre de 2014

Fashion TV: una noche en la vida de LA ROLY

Es de andar sola y de pasearse por la peatonal marplatense. Se viste sólo con marca Adidas o Nike y es negra, como su alma. Era ya una de esas tardecitas en las que se avecina la noche y también el delito con olorcito a impunidad.
I
La Roly, así le dicen, se acerca a una minita que justo pasaba por ahí y entonces, con toda la educación del mundo, le dice que se quite la campera, que a ella le quedaría mejor y que ahora la quiere para sí. La chica aterrada no sabe hacia dónde escapar. Ante esta situación accede y se limita a hacer lo que cualquier otra minita haría: entrega, en este caso, su hermosa campera azul. Fin del trámite. Ambas huyen del lugar en direcciones opuestas. Finalmente cae la noche y es una realidad, la inseguridad se ha cobrado una nueva víctima.
II
La Roly se paseaba apacible por las calles de la ciudad cuando de pronto alguien le llamó poderosamente la atención. "Qué lindo sos" le dijo ella, y él agradecido por el elogio a su aparente belleza, le sonrió. Pero la cosa no terminaría ahí. Esto no se trataba de un feminismo mal interpretado, de una cuestión de que ahora las chicas también piropean chicos, no. La Roly saca un revolver del bolsillo derecho de su ahora nueva campera azul y le apunta a la cabeza. "¡No, ¿cómo voy a hacer eso?! ¡¿Estás loca?!" respondió el chico ante las exigencias de ella quien además seguía insistiendo. Quería que se bajara el jean y el boxer para hacerle lo que ya te imaginarás qué. "Dale, putito, pela pija o te mato". Luego de negarse una y otra vez, llorando, le ruega que no le haga daño y lo deje ir. Triste, enojada o furiosa, o tal vez con todas estas emociones juntas, decide abandonar el lugar sin poder lograr su objetivo.
III
Al parecer a nuestra protagonista le importa no sólo la ropa y el abuso sexual sino también los artículos electrónicos. En esta oportunidad decide sustraerle de manera poco glamorosa el celular a una quinceañera. Entonces su reclamo se hizo oír, "dame el celular o te corto". Ahora que tenía una Gillette en la mano la amenaza iba tomando color. La quinceañera temió ser cortada pero temió mucho más perder su celular. Fue así cómo se libró una lucha entre ambas que terminaría con la Roly haciéndose del celular de la jovencita y ésta sufriendo algunas cortaduras leves (y no tanto) en sus manos.

Hasta aquí es la historia común y corriente de una chica como cualquier otra que delinque y que a punta de pistola obliga a desconocidos a tener sexo en la vía pública. Nada extraño, nada raro. Lo que sí lo es, es que estamos en presencia de una persona que corta a quienes se niegan a ser amablemente robados. Pero lo que no todos saben, incluso vos que estás leyendo esto, es que tiene HIV y que se corta con la misma Gillette con la que corta a sus víctimas. 
Puedo desconocer muchas cosas pero una cosa sé, ni un evangelista convirtió tanta gente a Dios como la Roly al HIV. ¿Qué se hace con una persona que sale a infectar gente por la vida? ¿Cómo se caratularía la causa? La Roly es como una zombie solitaria que sale no a comer seres vivos pero si a contagiarlos con su enfermedad. Se alimenta de celulares y camperas; y no tiene cura. La detienen, sí, pero al día siguiente la liberan ya que nadie realiza la denuncia. Y es así como la historia se vuelve a repetir. Quién sabe dónde andará y qué estará haciendo en este momento, tal vez este dentro una comisaria o afuera, en la calle, utilizando la misma como sala de espera hasta ser detenida otra vez. Mar del Plata amanece. Les contaría otras cosas sobre ella pero es suficiente por hoy. Mejor me voy, al centro, a la peatonal, a ver si me la cruzo para saber si al menos con un revolver en la cabeza alguien me hace sexo oral.

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