sábado, 27 de diciembre de 2014

Existir

Yo creo que lloramos al momento de nacer porque estamos solos por primera vez. Porque en esa pancita calentita estábamos re tranquilos, y el obstetra, como los amigos cuando uno crece, nos obliga a salir. Ahí comienza todo. Nos agarran del brazo, de la pierna o del culo y nos sacan a la fuerza. Nos obligan a ser huérfanos de la comodidad. Luego crecemos y nos fuerzan a salir de nuestra cama para ir al colegio. Luego la vida nos obliga a salir de la cama para trabajar. ¿No entienden que odiamos salir de nuestra casa, de nuestra habitación? No sé de qué mundo hablan cuando se refieren a todo aquello que se encuentra del otro lado de estas cuatro paredes si a mi cama la he convertido en una segunda placenta y al universo en mi habitación. Nos adueñamos de objetos como tazas o de esa silla que esta junto a la mesa. No queremos que nadie nos saque del lugar que nos pertenece. Nos aferramos a las personas que queremos como si nos encontráramos dentro de sus úteros. Por eso nos duele abandonar lugares o personas que nos supieron cobijar. Por eso lloramos, porque no nos gusta que nos molesten, porque queremos pertenecer. Que paja llorar ¿no? pero sobre todo, que paja existir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario