Fue el destino quien se encargó de que nos cruzáramos. Fue
idea de él que pudiésemos viajar, uno al lado del otro, y recorrer juntos este
largo camino que es la vida. Pero este trayecto es mucho más corto que ese. Lo
suficientemente corto como para que dentro de doscientos metros te pongas de
pie, toques el timbre y te bajes del colectivo para nunca más volvernos a ver. Lo suficientemente corto como para que desaparezcas de mi vida sin siquiera
saber tu nombre.
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